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Nueva estructura de la FIDE: nombramientos y planes de desarrollo


La próxima etapa de la FIDE: ¿qué cambia con la nueva estructura de gestión?

Los cambios en el ajedrez suelen llamar la atención sobre el tablero: surge un nuevo campeón mundial, un torneo cambia de formato o un joven jugador derrota a un favorito consagrado. A veces, sin embargo, la siguiente jugada importante se produce fuera de la sala de juego. Puede determinar quién recibirá apoyo, cómo se pondrán en marcha los programas internacionales y con qué rapidez las buenas ideas se convertirán en oportunidades concretas.

Una nueva etapa en el desarrollo del ajedrez a nivel mundial

El 26 de octubre de 2026, el presidente de la FIDE, Timur Turlov, presentó una nueva estructura organizativa para la Federación Internacional de Ajedrez. En su comunicado, la describió como uno de los primeros pasos de la próxima etapa de desarrollo de la organización. Entre las prioridades anunciadas figuran el apoyo a las federaciones nacionales, el desarrollo de la enseñanza del ajedrez y la incorporación de socios internacionales.

Detrás del lenguaje administrativo hay una pregunta práctica: ¿qué pueden aportar estos cambios a la comunidad ajedrecística?

Cómo se repartirán las responsabilidades

Según la estructura presentada, la Asamblea General seguirá siendo el máximo órgano de decisión de la FIDE. El Consejo de la FIDE asumirá un papel más destacado en la definición de las prioridades estratégicas y en la supervisión de su ejecución. Una secretaría específica apoyará el trabajo de los órganos de gobierno y de las comisiones.

La Oficina del Presidente se centrará en la estrategia y en los grandes proyectos internacionales. La secretaria general se encargará de la actividad administrativa cotidiana. También está prevista la creación de un consejo consultivo que evaluará iniciativas y ayudará a definir el rumbo de la organización a largo plazo.

Para quienes observan desde fuera, estos cambios pueden parecer un asunto interno de la federación. Sin embargo, el reparto de responsabilidades determina lo claro que resulta el recorrido de un proyecto, desde la presentación de la propuesta hasta la decisión y su puesta en marcha.

Imaginemos una federación que quiere lanzar un programa de formación de entrenadores. Necesita saber a quién dirigirse, quién evaluará su propuesta y quién acompañará su ejecución. Cuando estas cuestiones están resueltas de antemano, los organizadores disponen de más tiempo para dedicarse al programa en sí.

Quién ocupará los puestos clave

En el comunicado se anunciaron tres nombramientos:

  • Adil Kozhikhov — director de la Oficina del Presidente.

  • Darmen Sadvakasov — presidente del Consejo Consultivo.

  • Alina Dvoretskaya — secretaria general de la FIDE.

Dvoretskaya ocupó anteriormente el cargo de directora general de la Federación Internacional de Ajedrez Escolar, la ISCF.

Los nombramientos permiten identificar quién estará al frente de cada área. Sin embargo, para evaluar la reforma será más importante el trabajo posterior: cómo coordinarán sus acciones los dirigentes y con qué claridad explicarán sus decisiones.

Qué puede significar para las federaciones nacionales

El posible impacto de la nueva estructura se comprende mejor a partir de las necesidades cotidianas de las organizaciones ajedrecísticas.

Para una federación, la prioridad puede ser la formación de árbitros. Otra puede necesitar docentes, competiciones infantiles o un calendario estable de torneos locales.

Por eso, el valor del apoyo internacional no depende únicamente de su volumen. También son fundamentales unas condiciones de acceso claras, un procedimiento sencillo de solicitud y respuestas dentro de un plazo razonable.

Una señal práctica de éxito será que a las federaciones nacionales les resulte más fácil transformar una necesidad concreta en un proyecto que funcione. Se trata de un criterio para evaluar los cambios, no de un resultado ya alcanzado.

Por qué la educación necesita continuidad

Es fácil imaginar el primer día de un programa de ajedrez escolar: juegos de ajedrez nuevos, niños entusiasmados y la primera foto del grupo. Mucho más difícil es garantizar que siga funcionando seis meses después.

¿Quién dará continuidad a las clases? ¿Cómo se formará al siguiente docente? ¿Dónde podrán jugar los niños después de la escuela? ¿Cómo sabrán los organizadores si el programa está aportando beneficios reales?

Estas preguntas muestran por qué las iniciativas educativas necesitan un apoyo organizativo permanente. Un evento aislado puede despertar interés. Las clases regulares ofrecen a los niños la oportunidad de ir más allá de su primer contacto con el juego.

Los futuros programas también deberían evaluarse por su continuidad: ¿siguen activos los grupos? ¿Han recibido formación los docentes? ¿Pueden los centros educativos mantener el trabajo de forma autónoma?

Cómo saber si la reforma ha funcionado

Un nuevo organigrama, por sí solo, no demuestra la eficacia de los cambios. Su utilidad podrá evaluarse mediante preguntas concretas:

  • ¿Son claras las condiciones de participación en los programas?

  • ¿Se ha definido quién es responsable de cada proyecto?

  • ¿Se cumplen los plazos anunciados?

  • ¿Están a disposición del público los resultados y las explicaciones de las decisiones adoptadas?

Para un ajedrecista, estas cuestiones pueden parecer lejanas a su propia partida. Pero detrás de todo torneo bien organizado hay decisiones tomadas a tiempo, profesionales preparados y compromisos cumplidos.

La siguiente jugada: llevar el plan a la práctica

La estructura anunciada establece cómo pretende organizar la FIDE su trabajo de ahora en adelante. Su importancia práctica quedará más clara a medida que se ejecuten los programas y las federaciones comiencen a trabajar con el nuevo sistema.

Para la comunidad ajedrecística, el principal resultado debería ser la creación de oportunidades que puedan aprovecharse de verdad: recibir formación, organizar una competición, iniciar clases de ajedrez o apoyar a un jugador prometedor.

En ajedrez, un buen plan demuestra su valor mediante una secuencia de jugadas precisas. Una reforma organizativa se enfrenta a una prueba similar: cada nueva decisión debe acercar a la organización al objetivo anunciado. Esa secuencia será la base para evaluar la próxima etapa de desarrollo de la FIDE.