La «Partida del Siglo» de Fischer: victoria sobre Byrne el 17 de octubre de 1956
Tal día como hoy: cómo Bobby Fischer jugó la «Partida del Siglo» con solo 13 años
Ganar la dama del rival es el sueño de casi cualquier principiante de ajedrez. Una ventaja material de ese calibre parece suficiente para decidir la partida. Sin embargo, el 17 de octubre de 1956, en Nueva York, ocurrió una historia que todavía se cuenta en las escuelas de ajedrez: un jugador capturó la dama; el otro consiguió todo lo que necesitaba para ganar.

Con negras jugaba Bobby Fischer, de apenas 13 años. Su rival era el experimentado maestro estadounidense Donald Byrne. Su encuentro en el torneo en memoria de Rosenwald pasó a la historia como la «Partida del Siglo». Aún faltaban casi dieciséis años para que Fischer conquistara el título mundial. Aquella noche, sin embargo, ya se podía intuir el extraordinario talento que estaba surgiendo en el ajedrez.
Un adolescente contra uno de los mejores maestros de Estados Unidos
Hoy, el nombre de Fischer es conocido mucho más allá del mundo del ajedrez. En el otoño de 1956, sin embargo, apenas comenzaba a ganarse una reputación en los torneos de adultos.
Donald Byrne tenía mucha más experiencia. En 1953 había ganado el Campeonato Abierto de Estados Unidos y, más adelante, representaría a su país en tres Olimpiadas de Ajedrez. En Nueva York se enfrentaba a un adolescente talentoso. Nadie podía saber todavía con certeza qué importancia tendría aquel rival en la historia del juego.
Eso es precisamente lo que hace tan impresionante esta partida: Fischer superó a un fuerte maestro en una posición compleja, en la que casi cada jugada exigía un cálculo preciso.
La primera advertencia: un caballo ofrecido al rival
La apertura desembocó en una posición de la Defensa Grünfeld. Las blancas ocuparon el centro con sus peones, mientras las negras buscaban la manera de atacarlo.
Byrne desarrollaba sus piezas de forma activa, pero su rey permanecía en el centro. Fischer comprendió enseguida que eso le daba la oportunidad de jugar con energía.
La primera decisión llamativa fue 11…Ca4!. El caballo negro saltó a una casilla donde podía ser capturado. Sin embargo, detrás de aquella oferta había una idea táctica: si las blancas aceptaban el sacrificio, el otro caballo negro llegaría a e4, atacando simultáneamente a la dama y a un alfil blancos.
Byrne rechazó el regalo. Pero la iniciativa ya estaba pasando a manos de Fischer: las negras creaban amenazas concretas y las blancas tenían que encontrar respuestas.
La jugada que hizo famosa la partida
El momento culminante llegó en la jugada 17.
Un alfil blanco atacaba a la dama negra en b6. Retirarla parecía la respuesta natural: la dama es la pieza más poderosa y perderla suele salir muy caro.
Fischer jugó 17…Ae6!!
Dejó su dama amenazada y puso en juego el alfil. Byrne aceptó el sacrificio: 18.Axb6. La respuesta llegó de inmediato: 18…Axc4+.
Comenzó una secuencia de jaques. El rey blanco se vio obligado a desplazarse entre f1 y g1, mientras el caballo negro maniobraba con ganancia de tiempo, capturaba material y abría líneas para el alfil. Al terminar la combinación, Fischer había obtenido una torre, dos alfiles y un peón a cambio de la dama: una compensación material más que suficiente.
La belleza de la combinación residía en que el sacrificio de dama formaba parte de una secuencia calculada con precisión. Fischer veía cómo se conectaban las amenazas: un jaque obliga al rey a retirarse, esa retirada permite el siguiente golpe y, después, aparece una nueva oportunidad de ganar material.
Después de la combinación, aún quedaba trabajo por hacer
El espectacular sacrificio no puso fin a la lucha. Fischer todavía tenía que convertir su ventaja en victoria, mientras Byrne conservaba una dama capaz de crear amenazas peligrosas.
Fue entonces cuando el joven Fischer mostró otra faceta de su talento: la coordinación precisa de sus piezas. La torre, los alfiles y el caballo se apoyaban mutuamente, reduciendo poco a poco las posibilidades de las blancas.
En la fase final, una serie de jaques obligó al rey de Byrne a dirigirse al flanco de dama. En la jugada 41, Fischer puso el punto final: 41…Tc2#. La partida terminó con jaque mate sobre el tablero.
¿Por qué «Partida del Siglo»?
El célebre nombre lo acuñó el periodista y maestro de ajedrez Hans Kmoch. Analizó el encuentro para el número de diciembre de 1956 de la revista Chess Review. La combinación de la corta edad del vencedor y la profundidad de su idea convertía aquella partida en algo excepcional.
Sin embargo, el resultado global de Fischer en el torneo fue mucho más modesto: sumó 4½ puntos en once partidas. El campeón fue Samuel Reshevsky. Este contraste ayuda a comprender mejor el significado de la victoria sobre Byrne: ante el público había un joven ajedrecista que todavía estaba en plena formación, pero que ya era capaz de crear una obra maestra.
Una lección que ha perdurado durante décadas
La «Partida del Siglo» fascina incluso a quienes no desean analizar largas variantes. Su historia es sencilla: la pieza más valiosa desaparece del tablero, pero las restantes actúan con tanta armonía que el rival no encuentra salvación.
Para cualquier ajedrecista, hay aquí una lección práctica. La ventaja material debe valorarse junto con la seguridad del rey, la actividad de las piezas y las amenazas concretas. Antes de celebrar la captura de una dama, conviene entender qué recibe el rival a cambio.
El 17 de octubre de 1956, Donald Byrne capturó la dama de Bobby Fischer. Y Fischer, con solo 13 años, creó una partida a la que el mundo del ajedrez sigue volviendo, incluso setenta años después.